jueves, 1 de enero de 2009

El PSOE aprueba junto a la oposición privatizar el agua, con su socio, IU, en contra

La coalición extiende sospechas de corrupción, pero descarta abandonar el gobierno cuando la animan a hacerlo.


El PSOE aprobó con sus votos y los de los aliados de la oposición, PP y ASIA, privatizar la gestión del servicio público del agua. IU no sólo votó en contra sino que se dedicó a proyectar la sombra de la sospecha e, incluso, de la corrupción sobre sus socios de gobierno, los socialistas, en un Pleno al que asistieron miembros de la plataforma vecinal, crítica con la privatización. Los dos concejales de la coalición de izquierdas, liberados con sueldo, se limitaron a sonreír cuando se les preguntó si estaban dispuestos a romper el pacto con los supuestos corruptos que ponen en manos de una empresa privada un bien público para que, supuestamente, se enriquezca.
Tanto Purificación García, que intervino primero, como el portavoz Fernando Díaz Rañón, que lo hizo después, eludieron responder al concejal del PSOE, Luis Ramón Fernández Huerga, que preguntó si suscribían las acusaciones de corrupción vertidas por la plataforma. Y tampoco dijeron nada cuando el portavoz del Partido Popular los invitó a ser coherentes y a abandonar el pacto de gobierno por su desacuerdo con la privatización. Díaz Rañón, únicamente, rechazó las acusaciones finales de la alcaldesa, Pilar Varela, que los llamó mentirosos por mantener públicamente que el pliego de condiciones aprobado ayer no garantizaba la inversión empresarial en la red del agua cuando precisamente es lo contrario. El portavoz popular, Constantino Álvarez, respaldó esas acusaciones de la alcaldesa socialista contra Izquierda Unida y, en ese momento, el mundo se puso del revés.

El problema, en la última sesión plenaria del año, era de contradicciones. Para Izquierda Unida, los socialistas, sus socios, traicionarían a la izquierda al permitir la entrada de privados en una empresa mixta para gestionar el servicio del agua. Para el PSOE y, en mayor medida, para el Partido Popular, la contradicción de IU consistiría en criticar esa privatización como si fuera obra del anticristo y por no abandonar inmediatamente el gobierno que la ampara. Los socialistas explicaron que no se trata de privatizar, sino de seguir controlando un servicio deficitario para que mejore, con un 26 por ciento del accionariado que le permitirá al Ayuntamiento tomar las decisiones trascendentales en la gestión. IU, de su presencia en el gobierno ni hablar, sostuvo en todo momento que el recibo del agua se encarecerá mientras que una de las cláusulas de la privatización advierte de que no puede subir por encima del IPC. En cualquier caso, el concejal popular Constantino Álvarez aclaró que una subida tendría que ser aprobada por el Ayuntamiento.

En el plano de las contradicciones más discretas se movió ASIA. Su portavoz, Antonio Sabino, fiel a los principios de que lo que es bueno para Avilés también lo es para él, apoyó la propuesta socialista que dos de sus compañeros habían cogido días antes con papel de fumar.

Todo esto viene a cuento porque la Corporación aprobó el primer paso para formar una empresa mixta con mayoría de capital privado, un 74 por ciento, que según los firmantes del acuerdo garantiza que el Ayuntamiento mantenga el control, que la tarifa no suba por encima del IPC y que, además, se pueda hacer una inversión que mejore una red de abastecimiento obsoleta.

La pretensión de los dos concejales de Izquierda Unida es que la mejora de la red y del servicio se llevase a cabo por medio de una empresa municipal. El concejal del PSOE, responsable de mantenimiento, Fernández Huerga, preguntó dónde están los tres millones que habría que poner a tocateja para esta sociedad pública.

Pero Purificación García, que habló de pactos secretos empresariales y acusó al PP de rechazarlo todo menos este cambio en la gestión del agua, sostuvo que el Ayuntamiento lo mismo que había favorecido anteriormente en la privatización de la limpieza a Florentino Pérez estaba dispuesto a hacerlo ahora con Esther Koplowitz. En un rapto ideológico desesperado, pidió a sus socios de gobierno que «actuasen con el corazón, como la izquierda, y no con la cartera, como la derecha». Huerga, a esas alturas ya un tanto mosqueado, hurgó en las contradicciones de IU con las privatizaciones en Lena y también con las de la ayuda a domicilio, un apartado que controla precisamente Purificación García. Finalmente, los invitó a dirimir las sospechas en el Juzgado.

Con el gallinero ya algo alborotado y, después de que Fernando Díaz Rañón hiciese un inciso para pedir el alto fuego en Gaza, Constantino Álvarez lanzó toda su artillería contra los dos concejales díscolos de la antiprivatización: «Lo que yo esperaba después de su intervención es que inmediatamente rompiesen el pacto con los socialistas. Lo demás es un fraude a los ciudadanos. Lo que ustedes se dedican a hacer es una escenificación, pero su posición que no se la toque nadie. No hay coherencia en su mensaje».

Pero el mayor varapalo lo llevaron los concejales de IU, en franca minoría, de la Alcaldesa, una señora que lidera el grupo con el que mantienen un pacto de gobierno en el Ayuntamiento. Pilar Varela, serena, pero indignada, los acusó de mentir. «Mienten cuando dicen que no se garantizan las inversiones. Hay líneas que no se deben traspasar».

La traca en el último Pleno del año y cuando ya los concejales estaban a punto de levantarse de los asientos, vino cuando un ciego pidió la palabra para exigir que se cumpla la ley, que los ciclistas no circulen por las aceras y que los semáforos de la ciudad funcionen. Como lo que decía era bastante razonable, todos asintieron con la cabeza, incluida la Alcaldesa. El hombre llevaba razón. Lo único que hay que esperar ahora es que el ciego no haya hablado para veinticinco concejales sordos.

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