domingo, 14 de diciembre de 2008

Todo por la pasta: El servicio del agua genera beneficio

JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ EX CONCEJAL DE IU.
En Avilés existe una suerte de microclima privatizador, que está haciendo estragos entre los socialistas locales, obligándoles a promover la privatización del agua, un planteamiento que saben, choca frontalmente con los postulados, contrarios a mercadear con el agua, que el PSOE defiende tanto a nivel federal como en Castrillón, Corvera, Gijón, Madrid, ...

Afortunadamente, los perversos efectos del microclima desaparecen en cuanto se sale del municipio. Lo demuestra que la propia comisión ejecutiva socialista de Avilés estuvo representada, a través de Santiago Álvarez, su secretario de Política Municipal, en las recientes manifestaciones contrarias a la privatización del agua, realizadas en Castrillón. La Alcaldesa tiene todo el derecho del mundo a defender la privatización del agua, pero lo que me resulta un tanto extraño, es que defienda esa idea desde las filas del PSOE, en lugar de hacerlo desde las del PP, que sería lo suyo. La izquierda debe de gobernar en beneficio de los que menos tienen, no de las grandes empresas.

Más que digno de análisis, es digno de psicoanálisis, que, con la que está cayendo, los socialistas avilesinos avalen y difundan informes que afirman que «las empresas públicas, como no son de nadie, devienen en ineficientes e ineficaces». Resulta descorazonador ver a algunas personas de izquierdas, otrora críticas y lucidas, defendiendo en público justamente lo contrario de lo que piensan u opinan en privado.

Los socialistas defienden sus desvaríos ideológicos, presentando unos informes anónimos y tendenciosos sobre la situación del ciclo del agua en Avilés. En dichos informes, elaborados por técnicos adocenados propios y ajenos, se denigra lo público y a los trabajadores públicos, para concluir, justificando la necesidad de la privatización alegando que el agua da pérdidas y que hace falta invertir en mejorar la red.

Exageran tanto con sus bulos que, de ser ciertos, ninguna empresa sensata querría hacerse cargo de tamaño desastre. Sin embargo, es de dominio público que, moviendo los hilos en la sombra, hay una empresa, que con tal de hacerse con el control del agua, estaría dispuesta a apechugar con todo: con las pérdidas, con 16 millones en inversiones y con los 25 millones de peaje al Ayuntamiento.

Dado que el objetivo de las empresas no es la caridad, sino obtener el máximo beneficio, aquí además de oscurantismo y de falta de ética, tiene que haber trampa y no una, sino varias. Primera trampa: el servicio de aguas en Avilés no genera déficit, sino beneficio. Segunda trampa: la empresa sabe que no se le exigirá realizar las inversiones, al igual que sigue sin hacerse el parque de servicios comprometido por parte de Urbaser, la concesionaria de la limpieza. Tercera trampa: todo este tinglado millonario, al final, lo pagaremos todos. La subida del recibo del agua promete ser de escándalo.

Los avilesinos no existimos para satisfacer las necesidades de Pilar Varela; es la Alcaldesa quien gobierna para satisfacer las necesidades de los avilesinos. El agua es un bien público imprescindible para las personas en el que no se debe pensar en términos de beneficio. Avilés no es un mercado y los ciudadanos no somos un cajero automático del que se puede sacar más y más dinero. Ahora que lo público recupera su valor y que a nivel mundial el modelo neoliberal ha fracasado estrepitosamente; cuando el sector público, se esta viendo obligado a tapar los agujeros creados por la especulación y la codicia del sector privado, plantear privatizar servicios públicos es de locos.

Las privatizaciones, como se esta demostrando día tras día, son siempre un auténtico chollo para las empresas, ya que no arriesgan nada: si la cosa sale bien, ellas ganan; si sale mal, como esta ocurriendo con la actual crisis, los contribuyentes pagan. Se privatizan los beneficios y se socializan las perdidas: negocio redondo.

En algo sí están siendo sinceros los defensores de la venta del agua; para ellos la privatización de un servicio público no es un asunto ideológico. Es verdad que cuando se aparcan los principios, la política, sobra y lo único que cuenta es hacer negocio, hablando claro: la pasta. Lo peor de todo no es su desprecio a la ideología y al sentido común, ni sus mentiras y su cinismo, lo peor de todo es lo que en realidad hay detrás de eso; su desprecio a los avilesinos. Primero nos ocultaron sus intenciones privatizadoras en la campaña electoral y ahora nos engañan, porque están convencidos de que somos idiotas y tan indefensos y crédulos como niños.

Produce vergüenza ajena la demagogia de la Alcaldesa. En noviembre decía públicamente, sobre el futuro del agua, que «no hay ningún proyecto ni planteado, ni siquiera estudiado» y en diciembre, metida ya en harina privatizadora, afirma justo lo contrario: «Llevamos mucho tiempo trabajando y tenemos infinidad de estudios». Es hora de abrir los ojos y actuar; si nos tapamos la nariz y miramos para otro lado, habrán ganado. Los avilesinos debemos levantar la voz, somos ciudadanos con derechos, no clientes.

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