lunes, 29 de diciembre de 2008

Privatización de servicios

Si se ha de cambiar la gestión del agua, hágase, pero antes se necesita un debate serio en la izquierda

FERNANDO PRENDES ABOGADO

En estas fechas en que nos encontramos a punto de privatizar el servicio de aguas del Ayuntamiento de Avilés de mano del tripartito PSOE, PP y ASIA, pensar que se privatice un servicio en principio no tendría que ser malo, y los ciudadanos no deberían notar la diferencia entre la gestión de un servicio público por una empresa privada, o por un Ayuntamiento, fuese éste del color que fuese. Lo que considero esencialmente perverso es que en el seno de la izquierda no habrá un debate interno serio acerca de la gestión privada de servicios públicos, un debate «serio» y, esencialmente, «ideológico».

Lo primero que debemos plantearnos es: ¿Por qué es necesario privatizar un servicio público? Si un servicio público no funciona, habrá que analizar por qué no funciona, cuáles son las razones, cuánto se ha destinado a él, cuántos trabajadores tiene, quién ha sido su responsable... Lo que no es lógico es tener abandonado un servicio durante años, para luego justificar su ruina y permitir así su privatización.

La segunda pregunta es: ¿Existen otros modelos de gestión que optimicen la prestación de un servicio dentro de la esfera de lo público? Habrá que investigar y saber si es posible el cambio en el modelo de gestión, de los recursos, del personal, y explorar vías alternativas e intermedias como, por ejemplo, las empresas públicas o las mixtas, cuyo resultado en Gijón está ahí para ver.

Lo tercero sería: ¿Cuánto nos va a costar? Porque no es sólo lo que reciba el Ayuntamiento de la empresa privada por la prestación del servicio, a ello hay que sumar el coste de los funcionarios que en bloque van a pasarse a engrosar la nómina del Ayuntamiento, está el coste de las futuras obras de mantenimiento, las ampliaciones del servicio, las obras estructurales necesarias, lo que se va a dejar de ingresar... Evidentemente, nadie pone una empresa para perder dinero, eso es legítimo y evidente, y ahora vemos que lo privado no es la panacea a los problemas de gestión.

Lo cuarto sería: ¿Cómo y a quién se adjudica? Hay que tener muy claro qué prima en la prestación de un servicio: la experiencia, la optimización económica, el número de trabajadores, sus condiciones laborales. Porque ya hemos visto muchas veces que al principio se dice que se van a contratar 40 trabajadores y pasados dos años hay 15, con contratos eventuales, cobrando 700 euros y trabajando como «perros». ¿Es ése el objetivo político de las fuerzas de la izquierda?

Lo quinto sería: ¿Dónde está el límite? Resulta que Esperanza Aguirre privatiza el canal de Isabel II y todos nos echamos las manos a la cabeza. Aquí privatizamos el servicio de aguas y no pasa nada. ¿Es eso coherente? Por lo menos «Espe» es coherente y lleva por bandera su absoluto «liberalismo», pero aquí la gente que «se rasga las vestiduras» ante tal acción, «azorra y calla» ante las privatizaciones locales. ¿Por qué si es bueno privatizar la limpieza, el agua, los cementerios, mataderos y un largo etcétera, sin embargo, no es bueno hacerlo con la educación, la sanidad o la Policía municipal? La máxima liberal es que al ciudadano no le importa quién preste los servicios, si éstos son de calidad. Ahora parece que ésa es la máxima de muchos socialistas también. Justo en el momento en que hay más concejales liberados, más personal de confianza, más gerentes y más funcionarios, es justo cuando «lo público» no funciona. ¿Llamativo, no? Este debate es necesario dentro de la izquierda, y si al final se llega a la conclusión de que se ha de privatizar, hágase, pero siempre bajo el prisma de la transparencia y el interés ciudadano; explicándolo muy bien y siendo vigilantes y exigentes en el seguimiento de la prestación del servicio, pero al tiempo, viendo la que está cayendo, no nos extrañe que cuando esos servicios den pérdidas y no sean rentables, entonces, volverán nuevamente a ser asumidos por el Ayuntamiento. «Así ye la vida», que diría el otro.

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